Pensamiento por un galgo muerto en Medina del Campo

Quien ha visitado alguna vez Scooby sabe de lo que estoy hablando, y quien no ha estado allí todavía tiene que hacerlo, más allá de las palabras y tentar de imaginar. Las colinas que se extienden hasta el infinito, el cielo y la tierra que se entrelazan en el atardecer, la España profunda, aquella de Felipe II, de la corrida de toros, de la limpieza de sangre. Medina del Campo es como Clonmel, en Irlanda: hay un olor de tierra, de tradiciones que se oponen al cambio, el viejo que se complace de estar fuera del tiempo.

En Medina del Campo puedes encontrar a un galguero con la misma facilidad con la cual puedes encontrar a un ser humano en el centro de la gran ciudad. Te habla de sus perros como si estuviera hablando de los calabacines de su jardín, se declara compasivo, es decir que lleva los perros al refugio o a la perrera, no los mata en un campo.

Pero ocurrió que un galguero cualquiera rompa el cráneo a un pobre perro a pocos metros del refugio él no lo sabe, pero al hacerlo se ha restablecido la verdad, en otras palabras, se ha mostrado la esencia malvada y cruel de este anacronismo todavía enraizado en la España profunda.

Cervantes al revés, el fuerte que mata al débil y al inocente.

Las palabras han terminado, quedan solamente la tristeza y la ira. Afortunadamente muchos continúan con las hazañas de Don Quijote y continúan luchando contra los molinos de viento.

La historia muestra que muchas veces aquellos parecidos a Don Quijote han tenido razón: tarde o temprano los galgos de España tendrán la dignidad que merecen.

@Massimo Greco

Traducido al español por Julija  

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